viernes, 22 de abril de 2016

Este día nos levantamos temprano para empezar el día yendo a Staten Island. Desayunamos en el hotel como el resto de los días que nos quedaban con un desayuno bastante aceptable pero todos los días el mismo, y nos fuimos directos a nuestra parada de metro de Queensboro Plaza y ahí cogimos la línea amarilla R hasta South Ferry.

South Feery es la parada que conecta con el trasbordador que te lleva a Staten Island y comunica South Ferry en Manhattan con St. George Ferry Terminal en Staten Island, lugar desde el que se pueden tomar autobuses a los diferentes puntos de interés de la isla. El trayecto en ferry dura 25 minutos.
El ferry de Staten Island es gratuito y te permite ver la estatua de la Libertad desde lejos, pero creo que es suficiente. La otra opción era coger una excursión por 25 dólares por persona que te dejaba bajarte en la misma estatua y poder visitarla, pero a nosotros no nos compensaba.

El ferry se coge en las inmediaciones del metro de Whitehall Street. Allí, justo enfrente del metro está la estación de ferries a Staten island (válidos metro a Whitehall street o a South Ferry). Deberemos ponernos al entrar a la ida a la derecha del ferry si queremos tener un buen sitio para hacer fotografías de la estatua de la libertad y Manhattan. Hacía un poco de frío ese dia y estaba bastante nublado pero nosotros subimos a la cubierta de arriba para poder hacer fotos desde el ferry. Vale la pena pasar un poco de frío.






El viaje desde Nueva York comienza ofreciéndonos unas bonitas vistas del puente de Brooklyn y del distrito financiero de Manhattan. Al poco tiempo, pasamos por Ellis island dejando atrás New Jersey, para sin remisión pasar justo por delante de la Estatua de la Libertad. Al cabo de unos 15 minutos de viaje, llegaremos a Staten Island dejando a la izquierda el impresionante puente de Verrazano.
Al llegar a Staten Island si te das prisa, te da tiempo a subirte al ferry que sale inmediatamente después y no tener que estar ahí esperando en la estación.

Nosotros volvimos de inmediato y en un ratito, estábamos de nuevo en Manhattan para seguir explorando la ciudad.

Al salir de la terminal de ferrys, nos fuimos hasta Battery Park para ver la esfera intacta de las torres gemelas. En ese momento yo estaba como en una nube al pensar que por fin estaba paseando por Nueva York, estaba cumpliendo mi sueño y estaba disfrutando como una enana.

Desde ahí nos fuimos hacia Bowling Street para ver el famoso toro de Wall Street. El famoso toro es mucho más pequeño de lo que parece en las películas y es casi imposible hacerse una foto donde no aparezca algún asiático o cualquier persona tocándolo. Yo decidí hacerme foto también tocándole las “bowlings” a parte de la típica en la parte delantera. Eso es el principio de la calle Brodway, calle que te acompaña durante toda tu visita en nueva York y que te ayuda a situarte.




De ahí fuimos directos al cruce de Brodway con Wall Street dispuestos a empaparnos un poco del ambiente financiero. La verdad es que mola mucho ver a los ejecutivos y brokers corriendo a por su comida o almuerzo o hablando de negocios en cualquier esquina.

Antes de nada entramos en Trinity Church que es una iglesia de confesión episcopal situada en la intersección de Wall Street con Broadway al sur de Manhattan, en Nueva York. La actual Trinity Church es obra del arquitecto americano Richard Upjohn, que la concibió en estilo neogótico. Forma parte de los National Historic Landmark,4 por su arquitectura, pero también a consecuencia de su papel en la historia de la ciudad. En el momento de la consagración de la iglesia el 1 de mayo de 1846 (el día de la Ascensión), su punta de inspiración neogótica, superada por una cruz dorada dominaba el skyline del sur de Manhattan. Trinity Church era entonces un faro de bienvenida para los barcos que llegaban a puerto.
La entrada a Trinity Church es gratuita y merece mucho la pena porque por dentro es muy bonita. 




Nosotros cuando entramos, estaban haciendo misa dentro, así que optamos por salir enseguida. Justo en frente está la calle donde encuentras el New York Stock Exchange, más conocido como, la bolsa. Es una edificio construido a principios del siglo XX aunque de aspecto clásico, y el Federal Hall, construido a finales del siglo XVIII en estilo neogótico.

Hasta los atentados del 11S era posible acceder a La Bolsa y observar el ambiente desde una sala superior, a partir de ese momento, hay que conformarse con ver el edificio desde el exterior.




Decidimos ir avanzando por el distrito financiero a través de Brodway Street y como ya eran 12 :30 (siii, suena raro pero cuando salimos de España nos adaptamos a los horarios de fuera y nos entra hambre enseguida). Vimos un sitio que era como una especie de supermercado gourmet que luego tenía una zona restaurante dónde toda la comida era organica y saludable y como nos apetecía más algo light porque estábamos un poco hartos de la comida basura, decidimos entrar.

Yo me pedí una sopa de pollo con vegetales y un sándwich de vegetales, pollo, salsa césar y pan ecológico y mi chico de pidió un plato de pasta y un wrap de alga nori. Todo eso con dos aguas para beber nos salió por 28 dólares y comimos la mar de agusto.

Después de comer nos fuimos hacia la zona cero. Nada más llegar, impresiona ver el hueco que han dejado entre todos los rascacielos que hay en la zona. Impacta mucho el memorial que han hecho donde se ven los nombres de cada una de las víctimas, grabados en las fuentes infinitas que ocupan la misma superficie que cada una de las torres gemelas.





Ese día caía en martes y por eso decidimos visitar esta zona de la ciudad en martes. Los martes la entrada al museo es gratuita, los demás días tienes que pagar 24 dólares por persona.
Para entrar gratis los martes tienes que entrar antes de las 5 de la tarde, así que os podéis imaginar la cola que había. Estuvimos mucho rato esperando en la cola y al final pudimos entrar. Dimos un donativo en la entrada de 5 dólares por los dos y entramos.

El museo es interesante pero yo no recomiendo pagar la entrada a precio normal. Sólo recomiendo ir si se va en martes. Además, yo salí de ahí dentro malísima. Es muy triste y en ocasiones con diferentes salas que hay montadas, lo vi hasta morboso y fuera de lugar.




Ah!! Justo al salir ves la horrenda estación que ha hecho Don Santiago Calatrava y que como la mayoría de sus construcciones está también hecha una ruina, que raro!


Decidimos que era el mejor momento para un kit kat y nos fuimos a Century 21º. Son unos grandes almacenes tipo Corte Inglés pero con súper marcas. Yo flipé con la planta de zapatos, me volvía loca!!! Compramos algunas cosillas y tres horas más tarde, seguíamos con nuestro camino, jajajaja.

Ahí seguimos callejeando por el distrito financiero, vimos el City Hall desde fuera y nos fuimos a hacer un recorrido por Tribeca donde pudimos ver el lugar de trabajo de los Ghostbusters y muchos edificios chulos de esa zona de la ciudad, aunque he de decir que no fue la zona que más me gustó de la ciudad.



Nos paramos a comprar un zumo de frutas naturales y un batido para llevar en uno de esos sitios de comida sana que tanto se llevan en Nueva York y como ya era de noche cogimos el metro para ir hacia Times Square.
Times Square es una americanada total, lleno de neones y de gente haciendo fotos pero a mí, como el resto de cosas que estaba viendo en todo este viaje, me encantó.
Subimos a las escaleras de Times Square y estuvimos un rato ahí sentados viendo a la gente, el ambiente, haciendo fotos, hablando de cómo había sido el día y de lo genial que estaba siendo este viaje.






Después de verlo todo y hacernos fotos con la policía paramos en un super a comprar fruta para cenar. Estábamos un poco agobiados de comida grasienta y queríamos algo suave para cenar. La fruta estaba muy sosa sin sabor a nada pero a mí me supo a gloria después de tantas hamburguesas y cosas de esas.
Nos sentamos en Times a comérnosla y de ahí ya nos fuimos al hotel a dormir.


miércoles, 20 de abril de 2016

Hoy dejábamos Filadelfia y volvíamos a coger el coche para dejarlo en nuestro destino final: Newark.  Una dos horas de camino nos separaban de la Gran Manzana y no os podéis imaginar las ganas que tenía de llegar, puesto que me había dejado lo mejor para el final. Por fin iba a conocer Nueva York!!


Pusimos gasolina en una gasolinera de las afueras de Newark y fue donde más barato lo pusimos, creo que estaba a 1,80 dólares el galón si no recuerdo mal, así que llenamos el depósito y fuimos a entregar el coche.


Los trabajadores de Hertz nos lo revisaron y al estar perfectamente nos devolvieron la cantidad que nos habían cobrado por el depósito lleno, ya que nosotros lo habíamos entregado lleno y no íbamos a pagarlo dos veces.


Cogimos las maletas y volvimos a coger el Air Train, pero esta vez en sentido contrario. Nuestro destino era la estación de tren de Newark. Dejamos el coche sobre las 11:00 del mediodía. Estuvimos un rato esperando en la estación y por el módico precio de 25 dólares cogimos el tren con destino Penn Station. Este tren tarda como unos 40 minutos en llegar a Penn Station y no es hasta cuando llegas, cuando te das cuenta de las dimensiones de esta estación. Es enorme y menos mal que un hombre nos indicó dónde estaban las máquinas para comprarse la metrocard, si no creo que aún estaría buscándolas.


Nosotros nos compramos dos metrocards de 7 días y cada una nos costó 32 dólares y las amortizamos muy bien, ya que para todo cogíamos el metro.


Con nuestras metrocards en la mano paramos a comer en un sitio de Penn Station porque estábamos muertos de hambre y ya eran casi las dos de la tarde.


Después de comer nos fuimos hacía la línea roja en dirección Times Square y ahí hicimos transbordo para coger la línea de Queens que era la que nos llevaría al hotel.


Tuvimos un pequeño percance con la dirección del hotel, puesto que confundí el número de la calle con la avenida pero enseguida lo encontramos y pudimos dejar las maletas de una vez. Ahora ya no íbamos a tener que cargar con ellas. Teníamos casi una semana para olvidarnos de trasladarlas.


Cogimos de nuevo el metro y con la misma línea fuimos hasta Conney Island para luego ir retrocediendo. Mi idea era estar al atardecer en Brooklyn Heights para ver cómo se iba iluminando el skyline de Manhattan.


Llegamos a Conney Island que es la última parada del metro. Andamos un poco por el paseo, hicimos fotos y nos fuimos porque hacía mucho aire. De normal la gente no visita esta zona pero a mí me apetecía ver las atracciones que han salido en tantas pelis y por eso fuimos.





De ahí volvimos a coger el metro y paramos en Prospect Park. Es un parque muy grande de Brooklyn, tipo central park pero más salvaje. A nosotros nos gustó mucho pasear por él y ver el ambiente de la gente haciendo deporte y paseando en familia.







Después de estar un rato paseando por Prospect Park, volvimos a coger de nuevo el metro en la parada de Grand Army Plaza y volvimos a bajar en Clark Street. Ahí estuvimos callejeando por Brooklyn y viendo las pedazo de casas que hay en esta zona y de ahí ya nos fuimos hacía el puente de Brooklyn para poner el broche final al día.


Llegamos justo al atardecer cuando empezaban a enceder luces y todavía quedaba algo de luz y estuvimos haciendo fotos hasta que se hizo de noche. No podía parar de hacer fotos, parecía un chino con la réflex pero es que yo flipaba mucho.







Cuando ya mi batería de la cámara empezó a hacer aguas decidimos que igual era el momento de volver al hotel y parar a cenar.


Por casualidad en Brooklyn encontramos un diner para cenar y por 30 dólares cenamos los dos muy agusto. Nos fuimos al hotel a dormir que al día siguiente nos esperaba un día duro.


Subiendo los 99 escalones de Rocky

Amanecía de nuevo y hoy tocaba cambiar el culo de nuevo. Nos íbamos a Philadelphia, a conocer la ciudad de Rocky o la antigua sede del gobierno americano.


Cogimos de nuevo las maletas, las cargamos en el coche y pusimos rumbo a Philadephia. Así que 2 horas y 45 minutos después o lo que es lo mismo, 139 millas más tarde, estábamos entrando por la ciudad y fuimos directos al hotel.


Yo, precavida después de lo de Boston pregunté el precio del parking del hotel, puesto que intentamos aparcar en la calle y era imposible. Entre que no había sitio y el poco que había era zona azul, decidimos dejarlo en el hotel por 25 dólares por 24 horas, que era el tiempo que íbamos a estar en la ciudad.


Nuestro hotel elegido era un Hilton de nuevo, y este si que tengo que deciros que no lo reservéis nunca. Luego os contaré el porqué.


Dejamos las maletas en el hotel mientras flipábamos con las vistas de la habitación desde donde se divisaba toda la ciudad. He de decir que el hotel tiene una situación inmejorable, está al lado deñ ayuntamiento, en pleno centro de la ciudad y las vistas son una pasada pero a pesar de ello, yo no volvería.


Nos fuimos directos a la oficina de turismo que está en Market Street donde nos dieron un mapa pero pasamos antes por el City Hall a hacer unas fotos. De ahí nos fuimos a ver el Independence Hall que era el motivo principal de visitar esta ciudad porque me hacía mucha ilusión conocerlo, de ahí para que veáis hasta dónde llega mi friquismo, jajajaja.






Aquí encontraréis el Liberty Bell Center (donde se encuentra la Campana de la Libertad) y el Independence Hall (donde se firmó la declaración de independencia). Para visitar el Independence Hall deberéis obtener el ticket en el Independence Visitor Center (es gratis y se agota pronto, id lo antes posible, por eso nosotros fue lo primero que hicimos nada más llegar). Fue en el Salón de Actos de este edificio que George Washington fue nombrado comandante en jefe del Ejército Continental en 1775 y la Declaración de Independencia fue adoptada el 4 de julio de 1776 En la misma sala el diseño de la bandera de Estados Unidos fue acordada en 1777, los Artículos de la Confederación fueron adoptados en 1781, y la Constitución de Estados Unidos fue redactado en 1787.












Como para visitar la Campana de la Libertad no había tantas restricciones, nos fuimos primero a ver el Independence Hall. Ahí estuvimos haciendo cola porque te van entrando en grupos de unas 50 personas, te meten en una sala y te dan la explicación de lo que fue en su día el edificio y luego ya empiezas la visita hasta que llegas a la sala donde se firmó por primera vez la Declaración de Independencia de los EE.UU. La visita duró como una hora más o menos y salimos para cruzar la calle hacía la Campana de la Libertad.





Ahí nos tocó hacer cola de nuevo, no tan larga, para poder entrar a verla. La visita también en gratuita. En los EE.UU. me ha sorprendido que casi todas las visitas que he querido hacer eran gratuitas, cosa que mi bolsillo ha agradecido bastante.


De ahí nos fuimos siguiendo la calle hacia el rio para ver Franklin Court que son las ruinas de dónde estaba la casa de Benjamin Franklin. La verdad es que esto decepciona un poco porque son ruinas, no se puede ver casi nada, pero ya que estás ahí te pasas y lo ves.






Nosotros seguimos andando, no sin antes parar a comprarnos un smothie de color azul súper empalagoso ( hay que ver estos americanos cuanto endulzan las cosas)y entrar en un 7eleven a comprar algo de comida y seguimos andando hasta llegar al río para ver la ciudad desde esa perspectiva.


Luego nos dirigimos de nuevo hacia la Old City pero esta vez entramos por Arch Street, que es una calle mítica de la ciudad y en ella hay muchos puntos de interés. Vimos Elfreth's Alley (la calle más antigua del país), la casa de Betsy Ross (diseñadora de la bandera de Estados Unidos), U.S. Mint (donde se imprime el dinero, la entrada es gratuita), National Constitution Center y la Reserva Federal (con exposiciones sobre la economía). Esto último no lo pudimos visitar porque estaba cerrado.





Otra visita que queríamos hacer y que no pudimos por ser domingo fue el Library Hall que es donde se encuentra una copia de la declaración de independencia y la primera edición de "El origen de las especies".


Seguimos andando por Arch Street y de repente nos encontramos con la puerta de entrada a Chinatown. Dimos una vuelta por sus calles pero estaba un poco muerto, así que decidimos seguir hacía otro lado. Cerca de Chinatown, está Reading Terminal Market que es un bonito mercado cubierto donde podréis comprar excelentes productos gastronómicos. Hay varios puestos atendidos por Amish y nos resultó curioso que estuviera vacío. Era como si los domingos la ciudad se parase.


Después de todas estas visitas nos encontramos con un McDonals y decidimos entrar para usar su wifi mientras nos tomábamos una cocacola y le decíamos a la familia y amigos que estábamos bien pero que aún nos quedaba una semana para volver a casa.
Ahí fue cuándo conocimos a un hombre muy majete que se ofreció a hacernos un book con el City Hall de espaldas en plan pareja románticona, jajajaja.






Después de unas cuentas fotos, decidimos dejar de explotar al hombre y pusimos rumbo al Museo de Arte de Filadelfia.


El Museo de Arte de Filadelfia como tal igual no es muy conocido, pero si os digo que es ese edificio de columnas con unas escaleras que son las que Rocky sube corriendo mientras hace su entrenamiento por las calles de Filadelfia, igual resulta que os suena un poco, ¿verdad?


Para llegar tienes que coger la perpendicular que va hacia Logan Square y enseguida te encuentras con una avenida llena de árboles y en cada farola la bandera de un país del mundo. La bandera española está de las últimas y un poco abandonada.


A ambos lados de la avenida hay parque y bancos para sentarse. Mola mucho ir paseando y ver que es un recorrido que mucha gente hace para entrenarse, tal y como lo hacía Rocky (que peliculeros son los americanos!!).






Pues total, que casi cuando estábamos llegando al parque antes de subir las escaleras, nos fuimos a ver la estatua de Rocky y cual fue mi sorpresa, que había una cola flipante para hacerse fotos con la estatua. Eso si, muy ordenado todo. Llegaban unos se hacían el selfie, luego las fotos por separado y los siguientes por favor…





Como nosotros no íbamos a ser menos y porque allá donde fueres, haz lo que vieres, hicimos lo mismo y una vez nos hicimos la foto, pusimos la cámara de vídeo en acción y nos subimos los 99 escalones corriendo mientras nos grabábamos en la cámara de vídeo.


Quedo muy friki, pero no creáis que es muy alto. En la peli parece una escalera interminable pero al natural es bastante corta.


Lo mejor de subir las escaleras sin duda son las vistas del skyline de la ciudad, ya que el Museo está un poco elevado y separado de grandes edificaciones.
Lo que más nos gusta de estos momentos es quedarnos sentados en algún lugar, contemplar las vistas, recordar momentos que hemos vivido hasta ese momento a lo largo del viaje, hacer recapitulación o resumen de lo que estamos viendo y disfrutar del momento.






Después de un ratito ahí sentados, decidimos no entrar al museo porque no somos mucho de arte moderno y no nos compensaba pagar la entrada.
Ahí ya era tarde y estaba empezando a atardecer, así que nos fuimos de camino al hotel parando antes en la escultura de la palabra LOVE. Es igual que la de Nueva York pero más pequeña.


Pillamos cena para llevárnosla al hotel y descansar un poco. Que ilusos!!


Llegamos al hotel, de noche y después de cenar nos fuimos a dormir, digo dormir porque dormir, lo que si dice dormir, dormimos poco.


Resulta que el fantástico Hilton, nos dio la habitación que estaba entre los dos ascensores que tienen y ahí el ruido de los motores era espantoso, bueno, insoportable. A las dos horas decidí que ya estaba harta, me baje a la recepción en pijama y con cara de mala ostia le dije que me diera otra habitación, que eso era insoportable. Nos dieron una habitación que estaba a unas 6 habitaciones de distancia y fue ahí donde pudimos dormir, aunque he decir que el ascensor se seguía oyendo, ver para creer…



No os recomiendo el hotel para nada porque aunque las instalaciones y los servicios sean buenos, viendo el ruido que hacen los malditos ascensores, tienes muchas probabilidades de que te molesten para dormir, así que mejor otro aunque sea más normalito.

martes, 19 de abril de 2016

Entre memoriales, tumbas y museos

Este día nos despertamos prontito, desayunamos en el hotel y salimos a conocer la capital de los states!!
Nuestro hotel estaba en la zona de Dupont Circle, así que fuimos andando a la parada del metro de Dupont Circle que la tendríamos a unos 500 metros y cogimos el metro en dirección Capitolio que es la parada Capitol South. Ahí bajamos y me empecé a dar cuenta de que Whashington es una ciudad preciosa y que bien merece una visita.


Nuestra visita de ese día era ver todo el National Mall. El National Mall, a menudo llamada Explanada Nacional, es una zona al aire libre (y un parque nacional) en el centro de Washington D.C., la capital de los Estados Unidos. Es la zona de jardines rodeada por los museos Smithsonianos, los monumentos nacionales y los memoriales. El National Mall se define como la tierra que va desde el Monumento a Washington hasta el Capitolio. Sin embargo, el término también se utiliza para las áreas del Parque West Potomac y los Jardines de la Constitución, y a menudo también se usa para el área que esta entre el Monumento a Lincoln y el Capitolio.







La idea del National Mall fue concebida en un principio por Pierre Charles L’Enfant en sus planos de la ciudad de Washington DC, creada en 1791. Sin embargo sus ideas no fueron realidad hasta principios del siglo XX, con el plan de la comisión McMillan, que fue impulsado por el Movimiento para la Ciudad Bella. Entre otras cosas, el plan McMillan promovió trasladar la estación principal de tren del National Mall a su localización actual en Union Station.


El Mall es uno de los lugares más visitados de la ciudad. Además, ha sido testigo de muchas protestas y manifestaciones, incluyendo la March on Washington de 1963 y la Million Man March de 1995. Cada año, el 4 de julio se celebra aquí el día de la Independencia con un castillo de fuegos artificiales.
Nosotros decidimos visitar en primer lugar la Biblioteca del Congreso que tanto hemos visto en muchas películas y la verdad es que estando allí, yo me imaginaba escenas de persecución en plan la peli “La búsqueda” o algo de ese rollo o porque no, pelis de espionaje.


La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (United States Library of Congress en inglés), situada en Washington D. C. y distribuida en tres edificios (el Edificio Thomas Jefferson, el Edificio John Adams, y el Edificio James Madison), es una de las mayores bibliotecas del mundo, con más de 158 millones de documentos.2 3 La colección de la Biblioteca del Congreso incluye más de 36,8 millones de libros en 470 idiomas, más de 68 millones de manuscritos2 y la colección más grande de libros raros y valiosos, incluyendo una de las únicas cuatro copias en perfecto estado de la Biblia de Gutenberg, y el borrador de la Declaración de Independencia. Además, guarda más de un millón de publicaciones del gobierno de los Estados Unidos, un millón de números de periódicos de diferentes partes del mundo, de los últimos tres siglos, 500.000 rollos de microfilm, 6.000 títulos de cómics, la colección más grande de documentos legales, películas, cerca de 5 millones de mapas, partituras, 2,7 millones de grabaciones sonoras, y más de 13,7 millones de grabados y copias fotográficas. El documento más antiguo es una tablilla de piedra del año 2040 a. C.3 También alberga obras de arte, dibujos arquitectónicos, y valiosos instrumentos como el Stradivarius Betts y el Stradivarius Cassavetti.


La entrada a la biblioteca es gratuita y puedes ver una de las únicas cuatro copias en perfecto estado de la Biblia de Gutenberg, y el borrador de la Declaración de Independencia, así que vale la pena entrar y la visita no te lleva mucho tiempo.


Cuándo salimos de la biblioteca, nos sacamos un sándwich y una ensalada y almorzamos en los bancos que hay en la parte trasera del capitolio mientras flipábamos bastante de dónde estábamos. Nos decidimos a comérnoslo en ese momento porque teníamos hambre y porque no dejan entrar nada de comida a los edificios gubernamentales, así que no lo íbamos a tirar.


Cuando nos acabamos la comida, nos pusimos a hacer cola para entrar al capitolio y estuvimos como  hora y media esperando a que nos tocase el turno y por fín, llegamos y entramos.


La entrada es gratuita pero hay que hacer una reserva a través de su web que es: https://tours.visitthecapitol.gov


Ya de ahí te dan el pase y te hacen la visita guiada en inglés. Al capitolio se accede por la parte trasera que en el sótano está la entrada al centro de visitantes.









Estuvimos como unos 60 minutos de visita donde te explican curiosidades y el funcionamiento de la cámara, así que recomiendo mucho la visita.


Una vez salimos del capitolio, nos fuimos en dirección al National Mall. Ahí es cuando empieza el Smithsonian. Hay diferentes museos a cada parte de la explanada. De hecho es tan grande que no los ves de parte a parte. Todos los museos son gratuitos pero es imposible verlos todos. Nosotros decidimos ir a ver el de Historia Natural y la verdad, es que no nos defraudó. Es súper interactivo y está muy bien montado. Disfrutamos como enanos haciendo fotos a todos los animalitos.









Cuando salimos del Smithsonian ya apretaba el calor. Cualquier lo iba a decir con el frío que pasamos en Boston y en Niágara, así que nos fuimos recorriendo la explanada en dirección a Monumento a Whashington.


El Monumento a Washington (Washington Monument) normalmente hace referencia al gran obelisco blanco localizado en el extremo oeste del National Mall de Washington D.C. Es un monumento conmemorativo al primer presidente de los Estados Unidos y líder del revolucionario Ejército Continental, George Washington, que ganó la independencia del país luchando frente a los británicos en la Guerra de la Independencia. En 1884, el monumento se convirtió en la estructura más alta del mundo, hasta que se construyó la Torre Eiffel en 1889.


Conforme íbamos llegando empezamos a hacer un montón de fotos. Cuantas veces he visto esas imágenes por la tele!!! Yo flipaba!!!





Estareis pensando que soy una friki, que también lo soy, pero es que tenía muchas ganas de hacer este viaje y estaba haciendo un sueño realidad.


Ahí ya nos fuimos hacia la Casa Blanca, que está hacia la derecha conforme vienes del Capitolio pero no pudimos acercarnos mucho porque Obama estaba allí y la seguridad lo impedía. Hicimos fotos desde lejos y eso si, las protestas frente a la Casa Blanca que no falten.




Ya de ahí nos fuimos a comer a un McDonals que está en una calle trasera al Smithsonian y aprovechábamos para pasar por el frente de J.Edgar Hoover Building. Si, Si…el edificio del FBI!! 






Callejeamos un poco por esa zona…que bonito es Whashington y cuanto me estaba gustando y nos fuimos a continuar nuestra visita al National Mall.
Las distancias son enormes y de camino al Monumento a Lincoln pasamos por muchos de los memoriales que hay a los veteranos y caídos en la guerra. ¿Qué guerra? Pues todas en las que los EE.UU. han metido sus zarpas, véase Corea, Vietnam, 2º Guerra Mundial….y por fin llegamos a famoso monumento de Lincoln.








Es grandísimo y está metido dentro del memorial. Me gustó muchísimo. Ah! Y está petado de gente dentro y en sus escaleras.


El Monumento a Lincoln (Lincoln Memorial en inglés), situado en uno de los extremos horizontales del National Mall de Washington DC, Estados Unidos, es un monumento conmemorativo creado para honrar la memoria del presidente Abraham Lincoln. El edificio tiene forma de templo griego dórico, y tiene una gran escultura de Abraham Lincoln sentado e inscripciones de dos conocidos discursos de Lincoln. En este monumento han tenido lugar muchos discursos importantes, incluyendo el de Martin Luther King "Yo tengo un sueño", que fue pronunciado el 28 de agosto de 1963 durante la manifestación al final de la Marcha en Washington por el Trabajo y la Libertad.


Al igual que otros monumentos del National Mall, incluyendo el cercano Monumento a los Veteranos del Vietnam, el Monumento a los Veteranos de la Guerra de Corea y el Monumento Nacional a la Segunda Guerra Mundial, el monumento a Lincoln está administrado por el Servicio Nacional de Parques de Estados Unidos bajo el grupo Parques del National Mall y Monumentos. El Monumento a Lincoln se unió a la lista del Registro Nacional de Sitios Históricos el 15 de octubre de 1966. Está abierto al público desde las 8 de la mañana hasta medianoche todo el año, salvo el día 25 de diciembre.


En ese momento que ya estábamos un poco sedientos, nos compramos cada uno un polo de hielo que nos costó la friolera de 4 dólares por persona. OMG!! Y nos fuimos hacia el cementerio de Arlington.
El cementerio nacional de Arlington en Arlington, Virginia, es un cementerio militar estadounidense establecido durante la Guerra de Secesión en los terrenos de Robert E. Lee. Está situado cerca del Río Potomac, en las proximidades de El Pentágono.


Veteranos de todas las guerras están enterrados en este cementerio, desde la Guerra de Independencia de los Estados Unidos hasta las acciones militares en Afganistán e Irak.


La Tumba de los desconocidos, conocida también como la Tumba al soldado desconocido, no ha recibido nunca un nombre oficial. Está situada en la cima de una colina del Condado de Arlington, mirando hacia la ciudad de Washington D.C.


La tumba es uno de los sitios más populares del cementerio. Está hecha de siete piezas de granito con un peso total de 72 toneladas. Fue abierta al público el 9 de abril de 1932. La tumba tiene un guardia permanente las 24 horas del día, todos los días del año.






Otros sitios visitados con frecuencia es el memorial Iwo Jima y la tumba del presidente John F. Kennedy. Kennedy está enterrado junto a su esposa y algunos de sus hijos. Su tumba tiene una "llama eterna". Muy cerca de ahí está enterrado su hermano, el senador Robert F. Kennedy y ahora, recientemente está enterrado su otro hermano, el senador Edward M. Kennedy.


Es curioso que estando dicho cementerio reservado a los militares y a aquellos que prestaron valiosos servicios militares a su país en distintas guerras, esté allí enterrado el ex presidente William Howard Taft, quien nunca fue militar.


El Memorial del transbordador espacial Challenger está dedicado a la memoria de la tripulación del vuelo STS-51-L que el 28 de enero de 1986 murió durante el lanzamiento de su nave. Aunque la mayoría de los restos fueron identificados y devueltos a sus familiares para un funeral privado, en Arlington se enterraron los restos que no se pudieron identificar. Además, dos miembros de la tripulación, Francis Scobee y Michael Smith están enterrados en este cementerio. Hay un memorial muy similar dedicado a la tripulación que falleció durante el accidente del Transbordador Columbia el 1 de febrero de 2003.


Otro de los memoriales del cementerio está dedicado a las víctimas del ataque terrorista del 11 de septiembre al Pentágono. El memorial incluye el nombre de los 184 desaparecidos. Existe otro memorial a las 259 personas que perdieron la vida en el vuelo de la Pan Am 103 en Lockerbie, Escocia. El avión estalló por una bomba colocada en su interior. 180 de estas víctimas eran estadounidenses.
La entrada para variar es gratuita. Para llegar nosotros cruzamos en puente que cruza el rio Potomac, justo detrás del monumento a Lincoln y llegas justo a la entrada de Arligton. Al visitarlo impresiona la cantidad de tumbas que hay pero merece también la visita. Es un lugar que aunque pueda parecer lo contrario está lleno de personas que visitan a sus familiares y le da un poco de paz saber que tiene un hueco de honor en ese cementerio aunque algunos no lo entiendan y también está lleno de turistas, como no! Visitamos la tumba de Kennedy y nos fuimos de regreso a la ciudad.



De ahí visitamos el Monumento a Martin Luther King y el de Thomas Jefferson. Después de todas estas visitas, estábamos ya reventados, y eran ya las 8 de la tarde, así que decidimos irnos a la zona del hotel a encontrar un sitio donde cenar.





Cenamos en una hamburguesería de Dupont Circle muy chula que no recuerdo el nombre. Es lo que tiene escribir el diario un año más tarde y nos fuimos al hotel a descansar que al día siguiente nos tocaba Philadelphia.